Huella ambiental del desperdicio alimentario
Carolina Facio · 27 de agosto, 2020
Producimos más de lo que consumimos
El crecimiento poblacional ha generado mayor demanda de productos alimenticios procesados y empaquetados. Este procesamiento consume grandes cantidades de agua, electricidad y combustible en la industria alimenticia.
Aunque existen tendencias "ecofriendly" con productos "orgánicos" y "naturales", estos aún requieren procesamiento, envasado y distribución. Sin embargo, hay un área donde todos podemos generar un cambio: el desperdicio de alimentos.
A nivel mundial, se estima que el 30% del alimento producido termina como desperdicio. En América del Norte se generan 167 millones de toneladas anuales, mientras que México ocupa el segundo lugar con 28 millones de toneladas, representando el 35% de la producción nacional.
El desperdicio tiene implicaciones sociales, ambientales y económicas. La producción de alimentos desperdiciados genera gases de efecto invernadero a altos niveles, mientras 780 millones de personas carecen de acceso a agua y alimento.
En México, el 30% de la producción alimenticia se desperdicia mientras el 42% de la población vive en pobreza extrema.
La producción de alimentos desperdiciados genera aproximadamente 4.4 billones de toneladas de gases de efecto invernadero anuales, posicionándose como el tercer emisor mundial. En México se generan 36 millones de toneladas de CO₂ anualmente y se pierden 40 billones de m³ de agua, representando 26 billones de dólares —el 2.5% del PIB.
Las frutas y verduras son los productos más afectados, seguidos por la industria láctea, la panificación y los cereales.
¿Dónde ocurre el desperdicio?
En países desarrollados, el mayor desperdicio ocurre en almacenes, tiendas y tras la compra. En países en desarrollo, ocurre desde la agricultura hasta el procesamiento.
En México, el problema principal está en la distribución, con transportes inadecuados y sobreproducción. Solo el 18% de las pérdidas ocurre en procesamiento. Los restaurantes y tiendas locales tienen menor porcentaje de desperdicio que las cadenas comerciales, aunque enfrentan problemas de infraestructura de almacenamiento y cadena en frío.
¿Qué podemos hacer?
La industria y el gobierno deben:
- Mejorar técnicas de cosecha
- Ampliar el acceso al mercado
- Facilitar la donación de bienes sobrantes
- Mejorar tecnologías de conservación
- Establecer incentivos y capacitación en buenas prácticas
- Crear incentivos por reducción de desperdicios
- Encontrar modos de reutilizar alimentos
En 2018 se presentó una iniciativa para crear el Consejo Nacional para el Aprovechamiento de Alimentos, pero quedó sin seguimiento tras el cambio de gobierno.
Consumo responsable
Como consumidores tenemos una responsabilidad importante:
- Compra local: los restaurantes y tiendas locales tienen menor porcentaje de pérdidas, beneficiando al ambiente y a la economía regional.
- Consumo programado: implementar un plan alimentario periódico para programar el consumo familiar, reduciendo pérdidas por vencimiento. Comprar solo lo necesario.
- Separar la basura: facilita la clasificación y valoración para su reutilización: orgánico, inorgánico reciclable, e inorgánico no reciclable.
- Consumo proactivo: buscar alternativas de productos y servicios sustentables y socialmente responsables.
